top of page
Buscar

El verdadero valor de las personas: más allá de títulos y apariencias

  • Foto del escritor: Gabriel Marín
    Gabriel Marín
  • 17 may 2025
  • 2 Min. de lectura


Imagen Nebulosa Orión (M42), recogida desde Madrid con el Seestar S50.
Imagen Nebulosa Orión (M42), recogida desde Madrid con el Seestar S50.

En el mundo académico (y en tantos otros), hay una especie que prolifera con facilidad: los que confunden imagen con valor, y ruido con trabajo.


Se presentan como grandes sabios, pero curiosamente nunca tienen tiempo para dar una clase, asumir tareas de equipo o aportar soluciones reales. Eso sí, no fallan a la hora de medir su “superioridad” con comparativas estériles. Todo es “yo publiqué más que tú”, “yo soy más senior que tú”, “yo, yo, yo…”.


Y mientras tanto, los que de verdad sostienen el día a día siguen trabajando, enseñando, investigando y, sobre todo, colaborando sin grandes alardes.


La fórmula del valor

Es curioso cómo algo tan básico se olvida con facilidad. El verdadero valor de una persona no se mide solo por su conocimiento o por sus habilidades. Hay un factor multiplicador que marca la diferencia: la actitud.

Lo resumimos en una fórmula tan que Víctor Küppers nos relata en cada una de sus conferencias:

VALOR = (CONOCIMIENTO + HABILIDADES) × ACTITUD

Las competencias suman. Pero la actitud multiplica.

Una persona con mucho conocimiento y cero actitud colaborativa, en la práctica, resta más que suma.


Siete pilares de la gente que realmente aporta

Después de muchos años de experiencia, observando quién construye y quién solo se construye a sí mismo, he identificado siete rasgos comunes a las personas que de verdad generan valor:


  1. Generosidad sin cálculo. Comparten lo que saben sin esperar nada a cambio.

  2. Humildad del que sigue aprendiendo. No presumen, preguntan. Porque saben que siempre hay algo que mejorar.

  3. Compromiso con el trabajo real. No eluden tareas. Se implican donde hace falta.

  4. Capacidad de generar buen ambiente. Prefieren sumar equipos a sumar méritos personales.

  5. Excelencia callada. Su trabajo habla por ellos. No necesitan venderse.

  6. Resiliencia frente al ruido. Ignoran las guerras de egos y siguen su camino.

  7. Coherencia. Lo que dicen y lo que hacen van de la mano.


¿Qué podemos hacer?

No se trata de entrar en guerras absurdas ni de “fumigar” a nadie. Pero sí podemos construir entornos donde se visibilice y se reconozca el valor real: el que aporta, no el que se mide.

Algunas ideas sencillas:

  • Fomentar redes de colaboración y apoyo.

  • Reconocer de forma natural (y horizontal) las buenas prácticas.

  • No dar protagonismo a quien solo genera tensión.

  • Apostar por equipos que funcionan, no por individualismos que se venden bien.


Evitemos el Postureo

La actitud no se enseña en un máster, ni se acredita con un sexenio. Pero es lo que multiplica el valor de una persona.

El resto es postureo.

Y como decía Feynman:

“El primer principio es no engañarse a uno mismo, y uno mismo es la persona más fácil de engañar.”

Apliquémonos el cuento.


 
 
 

Comentarios


Suscríbase a nuestra lista de correo para recibir información actualizada sobre publicaciones y eventos

Universidad Europea / Universidad Complutense de Madrid 

© 2035 by The Thomas Hill. Powered and secured by Wix

bottom of page