
Hay gente que mide hasta el aire que respiras... yo prefiero respirar tranquilo
- Gabriel Marín
- 15 may 2025
- 1 Min. de lectura

Siempre me ha hecho gracia esa gente que parece llevar un cronómetro o un egómetro. Pero no para medir su tiempo, no... para medir el de los demás.
Que si quién hace más informes, quién envía más mails, quién entra antes por la puerta (y si te despistas, quién la tiene más larga...).
Yo nunca he sido mucho de medirme con nadie. Entre otras cosas, porque cuando lo hice... no pasé de 1,65. Y aun así jugué al baloncesto sin ningún tipo de complejo. Recuerdo que cuando vi a Tyrone Bogues en la NBA, que medía menos que yo, me dije: pues a por todas.
Ojo, que yo ponía tapones. Y si no se dejaban... pues un toque en la parte baja o un empujoncito disimulado era suficiente. Picardía y muchas ganas.
Entendí que la medida importante no es la que te pones en comparación a los demás, sino la que te pones a ti mismo.
Desde que tengo uso de razón, aunque como todo adolescente pasé por épocas un poquito pasotas, me he preocupado de superarme, de seguir trabajando, de seguir aprendiendo... y, sobre todo, de hacerlo acompañado de grandes amigos. Porque, al final, en esta vida tan rápida, lo que te llevas son los amigos y todo lo que has aprendido por el camino.
Así que, como decía Feynman, ¿qué te importa lo que piensen los demás? Tú a lo tuyo... y que te quiten lo bailao.
Eso sí, si alguien me quiere medir el café... que sea corto, con leche sin lactosa... que me he vuelto un poco mariquita. Pero solo con el café, ¿eh?



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