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Universo y mente: cuerdas, conciencia y estrellas bajo el mismo cielo

  • Foto del escritor: Gabriel Marín
    Gabriel Marín
  • 6 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

Cada vez que observo el cielo con mi telescopio Seestar, siento que además de estar capturando la luz de una galaxia lejana, estoy tocando, por un instante, una historia que comenzó hace miles de millones de años, o tal vez... hace apenas un segundo. Depende de cómo entiendas el tiempo. Y la mente.

M16 – Nebulosa del Águila. Una de las nebulosas más emblemáticas del cielo, situada a unos 7,000 años luz en la constelación de Serpens. Dentro de ella se encuentran los famosos Pilares de la Creación, enormes columnas de gas y polvo donde nacen nuevas estrellas. Una maravilla cósmica que siempre impresiona.
M16 – Nebulosa del Águila. Una de las nebulosas más emblemáticas del cielo, situada a unos 7,000 años luz en la constelación de Serpens. Dentro de ella se encuentran los famosos Pilares de la Creación, enormes columnas de gas y polvo donde nacen nuevas estrellas. Una maravilla cósmica que siempre impresiona.

De partículas a cuerdas, de cuerdas a universos

Durante años, entendimos el mundo como un conjunto de partículas: pequeños puntos sin estructura, interactuando en el espacio. Pero entonces llegó la teoría de cuerdas. En ella, las partículas son cuerdas diminutas que vibran en dimensiones más allá de lo visible. Según cómo vibren, emergen como electrones, fotones o quarks.


Pero aquí es donde se percibe el salto cuántico: esas cuerdas no flotan en nuestro espacio tridimensional. Se mueven sobre "branas" (membranas de dimensiones superiores) que podrían contener nuestro universo entero.

¿Y si nosotros mismos, nuestro planeta, estrellas,... fuéramos solo vibraciones en una brana flotando en un hiperespacio que no podemos percibir?

¿Y si el tiempo no fuera lo que creíamos?

Einstein nos enseñó que el tiempo es relativo: no hay un "tic-tac" universal. Cada observador mide su propio tiempo, según su movimiento y entorno gravitatorio.

Llevando esto al extremo:

Desde ciertos marcos, el tiempo que ha transcurrido desde el origen del universo hasta ti... podría ser esencialmente cero. Solo cuando alguien observa, el tiempo cobra sentido.

La mente: otro campo vibrando

Aquí nace la analogía que me fascina:

  • El campo inflatón dio origen al universo al colapsar de una potencialidad latente.

  • La mente, también, colapsa posibilidades interpretativas ante un universo incierto.

Ambos generan realidad, cada uno a su escala.


En mis publicaciones, exploro modelos que simulan estos colapsos interpretativos desde la inteligencia artificial, usando lógica difusa, análisis multicriterio y explicabilidad (un marco que llamo FAS-XAI). Son herramientas para entender cómo tomamos decisiones cuando no hay una única verdad. Como cuando miramos una galaxia y nos preguntamos: ¿qué estoy viendo realmente?


El universo se expande, y también el pensamiento

Tal vez el mayor descubrimiento no esté en los confines del cosmos, sino en la capacidad de nuestra mente para imaginarlo, interpretarlo y darle sentido. Cuerdas, branas, tiempo relativo... y una conciencia que lo traduce todo en experiencia.


¿Te interesa esta línea de pensamiento?

Estoy trabajando en integrar estas ideas en una propuesta científica y filosófica más amplia, desde la física y la inteligencia artificial hasta la pedagogía y la toma de decisiones bajo incertidumbre.


Te invito a explorar más:

 
 
 

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